miércoles, 24 de septiembre de 2008

El silencio de las palabras

La distancia nos regala momentos de expectativas necesarias. La rutina cambia, se modifica y la imaginación juega con nuestras mentes. Hablamos en silencio sobre lo que deseamos, sobre nuestras fantasías. Tú, en un lugar tan frío como el hielo que lo caracteriza y yo, envuelta en las cobijas de mi cama. A través de las palabras, se va creando un mundo alterno en donde estamos juntos. Tú, yo, nosotros. Ahí, empiezo por besarte en los labios, lenta y tiernamente. Luego me dirijo a tu oreja, la izquierda, y te mordisqueo para después bajarme al cuello. Con mis manos te toco sin desabrochar el pantalón y te siento... Es en ese momento que siento tus labios en los míos, en mi cuello, acaricias mis senos y yo desabrocho tu cinturón... el pantalón. Introduzco mi mano y siento tu pene, firme, inquieto, intentando escapar. Tus manos me liberan del brassiere y, el contacto de piel con piel, me excita aún más. Te las arreglas para subir mi falda y te logras colar hasta sentirme... húmeda, cálida. Tus dedos juegan conmigo y mi mano izquierda te agarra firmemente. Me sientes mojada, yo siento tu dureza. Me recuestas en la cama y me desvistes poco a poco... al mismo tiempo, acaricias senos, cuello, pubis, piernas. Yo consigo quitarte la playera y, una vez más, siento tu piel. Recorro puntos estratégicos con caricias que estimulan más tus ganas de estar en mí. Me volteas y besas mi espalda, bajas un poco y logras que te abrace y te pida que entres en mí. Nos abrazamos, nos besamos, sentimos nuestros cuerpos unidos el uno al otro y, lentamente, entras en mí sin dejar de mirar mis ojos... yo miro los tuyos. Placer, deseo... ganas de permanecer así por un largo rato... tus movimientos me humedecen más y los míos hacen que entres y salgas mientras juegas al voyeurista. Me abrazas y sigues haciéndome el amor, esperas a que tenga un orgasmo sin dejar de acariciar mi cara y de mirarme a los ojos. Casi inmediatamente, tú también explotas de placer... No me sueltas, me abrazas, me besas suavemente los labios y... Me doy cuenta que sigues lejos, rodeado de frío y es momento de partir. Aún así, tu olor recorrió distancias y, de algún modo, llegó a mí. Te vas y suspiro. En pocos días te veré y sentiré... sentiré esto que hemos logrado hoy a través del silencio de las palabras...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Engaño

La falsedad tiene alas y vuela,
y la verdad la sigue arrastrándose,
de modo que cuando la gente se da cuenta del engaño
ya es demasiado tarde.
Estamos a casi un año de no estar juntos y yo apenas supe que el tiempo invertido contigo fue una mentira.
Y ahi estaba yo: llena de porqués, de reclamos, de coraje, de impotencia...
Sin entender que te motivó a hacer tanto daño, a mentir hasta esos extremos,
sin entender porqué seguías a una persona con la que, en el fondo, no querías compartir tu vida.
Escucho palabras de aliento, de apoyo, de complicidad y las agradezco, pero sé que nadie entendería hasta donde intenté, cuanto deje ahí, arrancaste un pedazo de mi y esta tardando en sanar.

Necesito perdonarte todo y dejarte ir, a fin de cuentas
yo solo perdí tiempo, pero tú...
tú me perdiste a mi.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Aniversario

"Whatever our souls are made of, his and mine are the same; […] My love for Heathcliff resembles the eternal rocks beneath: a source of little visible delight, but necessary. Nelly, I am Heathcliff! He’s always in my mind: not as a pleasure, any more than I am always a pleasure to myself, but as my own being.”- E. Bronte, “Wuthering Heights”


Era el primer día de septiembre de hace muchos años. Septiembre, mi mes preferido, el inicio del otoño, las calles se llenan de los colores de mi país y es el mes de mi cumpleaños. Desperté por primera vez rodeada por tus brazos.

Al despertar te fuiste a recoger el velero de tu hija, yo me fui a caminar por el pueblo. Nos quedamos de ver en una colina, junto a la cruz, poco después del mediodía. Caminé por los callejones lavados por la lluvia de la noche anterior, esquivando los charcos que quedaban entre las piedras. Compré unas servilletas bordadas de azul añil y rosa mexicano a la señora sentada a media plaza, pan dulce a un señor que pasó en su bicicleta y unas cucharas de madera a un niño que traía una canasta llena de ellas. Me senté en la plaza a comer una paleta de tamarindo. Seguí caminando sintiendo el sol que brillaba y calentaba mis brazos descubiertos, yo sentía que la luz venía de adentro.

Recordé tus labios húmedos en los míos, tus ojos viénome desde arriba. Reímos contándonos historias con la escasa luz que se desprendía de la chimenea. El poco rato que dormimos lo hicimos entrelazados, arrullados por la lluvia que cayó toda la noche.

Llegué antes que tú a la cruz y me senté a leer sobre una historia de amor siglos antes que la nuestra. Sentí cierta equivalencia entre nuestra historia y la que leía, buscaba descifrar entre las páginas la forma de estar siempre juntos, nuestra historia debía tener un final diferente. Entre una página y otra veía el pueblo desde arriba. Llegaste y te sentaste a mi lado. Platicamos disfrutando el poco rato de sequía que quedaba antes de la lluvia esperada de la tarde. Comimos unas campechanas crujientes y tomamos un poco de café que trajiste en un termo.

Al caer las primeras gotas nos subimos al coche y tomamos la carretera de regreso a la ciudad. La lluvia caía tan fuerte que dificultaba oírnos hablar. Después de muchos kilómetros dejó de llover, en la orilla de la carretera se había juntado tanto granizo que parecía nieve. Estacionamos el coche en el acotamiento y caminamos de la mano sintiendo el frío que se levantaba del hielo. Del paisaje recien lavado se subía una niebla espesa. En esa niebla alcancé a ver un futuro conjunto, nos vi sentados en una terraza tomando té en una tarde como esa. Nos vi riendo interminablemente, comentando una novela, oyendo algo de cello y simplemente estar.

Nos subimos en silencio al coche. Cuando uno comparte los sueños de la noche los del día también se mezclan.