Fue el día de la primera lluvia cuando se atrevió a acercarse. Siempre me veía a través de la mesa, aunque lo hacía cuando creía que no lo veía. Yo fingía no darme cuenta, alguna vez cuando se cruzaron nuestras miradas se sonrojó un poco, sonrió apenas y desvió la mirada. Casi nunca conversamos más allá de los saludos cotidianos.
Estabamos en el bar de la esquina con un grupo de amigos. Poco rato después de entrar, se acercó, puso su mano en la parte baja de mi espalda y me dijo unas palabras al oído. Creo que fue su aliento cerca de mi cuello o tal vez su olor, lo que me llevó a cerrar los ojos y ver una imagen pasar frente a mis ojos, como de una vieja película.
Había comenzado a llover poco antes de que saliera de casa, caminé las pocas cuadras al punto de reunión. Unas escasas gotas cayeron sobre mis brazos desnudos apenas humedeciéndolos. Me rehusé a sacar el paraguas y ponerme un sueter, era como darle permiso a la lluvia de llevarse la primavera.
El siguió a mi lado todo el tiempo, acercándose de cuando en cuando a mi oído, a mi cama. Afuera seguió lloviendo, adentro reímos con el grupo, contando anécodtas, viendo a ratos el partido de beisbol que pasaba en la pantalla frente a nosotros. En varios momentos se fue la luz y la oscuridad se llenaba de murmullos.
Todos se fueron yendo: tenían planes en otros lugares. Nosotros dos dejamos de pensar en el futuro.
Alargamos el tiempo en el bar, creo que los dos teníamos miedo de romper esta incipiente cercanía o tal vez aún más de que pudiera perdurar. En un momento me atrajo hacia ély dejó su mano en mi espalda. Yo me recargue en su hombro. El tiempo se acomodó en ese instante en forma de caricia.
Salimos de la mano, preguntándonos a dónde ir. Recorrimos calles en busca de algo que no nos atrevíamos a nombrar. La lluvia caía ligera e insistentemente. Apenas nos mojaba, cubiertos por los techos de los restaurantes y los edificios.
En algún momento subimos los dos pisos de escaleras y con la luz que entraba de los anuncios luminosos y las lámparas de la calle nos desvestimos al ritmo de la lluvia. Nuevamente vi esa imagen de vieja película.
Desde ese día no ha dejado de llover. Nosotros esperamos los aguaceros de la tarde para encontrarnos de nuevo. Por ahora creemos que la temporada de lluvia nunca terminará.
4 comentarios:
Y si termina no pasa nada, llega el otoño y con él caen las hojas...
me encantan las historias en épocas de lluvias... son el pretexto para el amor
La lluvia como el frío son de los mejores pretextos para disfrutar del amor porque se antoja acurrucarse.
Por ahí tengo una que otra historia de lluvia. Ojalá la temporada de lluvias sea permanente.
Uy que no acabe, en eso tienes razon, todita la razon...
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