viernes, 20 de junio de 2008

Diosa, luna y amores


Fue una vida la que pasamos juntos, entre libros, historias, novelas, rezos y abrazos.

Siempre lo vi como alguien lejano, fuera de mi historia y de mi vida. De pronto y sin que yo me diera cuenta se volvió parte de todo lo que soy (o lo que fui).
Con el me hice dueña de la luna, me volví una diosa poderosa, una bruja, una princesa encerrada en su torre… me convertí en mar.


Lo espere una eternidad, lo he tenido a mi lado un ciento de vidas, ha sido padre, hijo, esposo, hermana, compañero, maestro.
Pero también las princesas despiertan a la realidad y se dan cuenta que su torre o es muy alta o de plano ya se destruyo y quedé completamente desprotegida, sin más anuncio que ese.
Un día esta mujer se dio cuenta que vivía una historia irreal, despertó, se inundó de llanto y tomó todo su valor para alejarse para siempre y sin dar vuelta atrás a esa pagina del cuento.

Le dejé esas historias al mar y le dije adiós.
La luna sigue siendo mía, las historias y los sueños se los deje en una maleta.
Los abrazos los repartimos a partes iguales.
Y el adiós… ese fue definitivo.


4 comentarios:

dijo...

Aólo puedo decirte que hay veces que lo mejor que existe es el adiós definitivo; cuando la salida se empieza a perder pero tampoco te encuentras bien dentro, es cuando el adiós es definitivo.

Lo aplaudo.

Mond dijo...

Yo no podría dejar las historias y los sueños... esos, esos son míos, si me los quitan, quitan mi esencia.

Tramontana dijo...

Me gusta el dejarle las historias al mar, como una tercera parte presente. Y me gusta lo de repartir los abrazos.

La Blu dijo...

yo no creo en las cosas "definitivas". Es decir, en mi filosofía de vida, nada es definitivo.

Pero entiendo que a veces haya necesidad de recurrir a esas ideas radicales para arrancarle la raíz a un gran amor.