Naamu frecuentemente se preguntaba que era aquello que la convertía en una creación original, cual era la suma perfecta y esférica que dictaba la singularidad y autenticidad de aquella fémina. Pasaba horas haciendo listas infinitas de sus pecurialidades, de sus costumbres y manías. Le gustaba sentirse irrepetible como el ADN. Recordaba cuando niña en el kinder abría la tapa de su butaca y tomaba las cajas de crayones, retiraba los tubos de colores y les alineaba con solemnidad para despúes pintar con dedicación arcoiris y mariposas. Su compañera de al lado inspirada en las creaciones de Naamu procedía a copiar los arcoiris y las mariposas con la misma habilidad que una copiadora Xerox. Naamu enfurecida por el plagio levantaba las armas haciendo uso de cada cuaderno y cada libro a su alcance, acomodando estos alrededor del perímetro del pupitre, creando asi un fortín inviolable donde las creaciones de Naamu permanecían a salvo de la audaz falsificadora. De cuando en cuando Naamu asomba su cabeza desde el fortín, miraba de reojo a la imitadora y sacaba su lengua en señal de guerra, la usurpadora de dibujos tan solo le miraba desde la otra orilla del aula con gran sentimentalismo.
Cuando Naamu creció comenzó a estudiar los astros, le parecía absurdo e ilógico hojear una revista y leer su futuro en aquella generalización de todas las demás vidas. Ella creía inadmisible la socialización de almas, mucho más ilógico aun universalizar en las letras de esa manera. Se sentía inimitable por el hecho de haber nacido bajo el signo de Piscis con el ascendente en Géminis. Naamu pasaba horas leyendo su carta astral, aquello le daba paz, le invitaba a creer que la originalidad era asunto de cada mujer.
Naamu como toda mujer había amado en su vida. Había coleccionado manos y canícas, corazones y descorazonados, pecas y zapatos, almohadas y cabellos. También como en toda historia había amado un par de manos mas que otras, motivo que la habia convertido en una obesiva con los origenes y la orginialdidad. Fué por eso que la tarde que Andrés le dijo: "Todas son iguales, disfrazadas de corderos con la piel de lobo debajo", Naamu sintió que aquel hombre que a su ves había coleccionado tacones y labiales, columnas vertebrales y pestañas, suegras y poemas, le había clavado un cuchillo en lo mas profundo y recóndito de su ego. Naamu irremediablemente cayó en el abismo profundo de la impotencia pues ya no tenía cuatro años ni aquella pila de libros y cuadernos para la creación de un fortín que le brindara protección del enemigo, que la pudiese encerrar en su "originalidad" de fémina. Ella en realidad hubiese deseado que Andrés dijera que Naamu era la única distinta a las otras. La única que era felíz cuando desayunaba hotcakes con mimosas. La única que lloraba entre el día venticuatro y ventiseis del mes. La única que se ponía radiante con una lata de dulces bajo su cama, la que usaba la mejor pijama y tenía la mejor voz. La única capaz de colmarle en el dormitorio, la que tenía los mejores trucos y estrategias para una tarde calurosa de Mayo. Naamu no quería ser un cordero bajo piel de un lobo, ella quería ser el lobo y la caperucita roja, queria ser el cuento y los dibujos en el cuento, Naamu quería la totalidad, como toda mujer en esta vida.
Naamu, despertó un Jueves y descubrió, que su amante de las manos únicas había tocado otra puerta que no era la suya. Que aquél hombre ya no buscaba la originalidad de Naamu y que esta ya no llenaba su vida. Ya no era su risa holgada ni sus zapatos de ante negros, los que aquél hombre de las gafas psicodélicas buscaban. No era su inquietud por los viajes ni sus tardes de fresas con yoghur, no era la forma que Naamu tenía de redactarle su amor en cartas perfumadas ni las súplicas por un beso. No era su amor por el Jazz y la entrega con que cantaba al ritmo de Peggy Scott entre martinis. En realidad lo que aquél hombre quería era todo lo que Naamu no era, aquello que ella jamas sería.
Por ello un día, en la cocina mientras horneaba una tarta de manzana, al abrir el horno sintió como poco a poco el calor le llenaba la cara, le llenaba el alma y su tristeza, iba bañándola de pies a cabeza hasta cubrirla de un aroma impenetrable, como si la luz que emanaba aquél armatoste le iluminase la razón también. Buscó el par de guantes acolchonados y retiró el molde para después colocarlo sobre la mesa. Esperó que este se enfriara junto con aquellas ideas que llegaban como ráfagas de salva . Llamó a su cómplice y amiga la chef , cortó un pedazo de la tarta y se la dió a comer. Entonces Naamu esperó. La mujer de rizos dorados y mandíl blanco saboreaba en silencio, con la boca aun llena le dijo: "Sabes, es esta forma tuya de endulzar los postres es lo que te hace única, es como si el azucar tuviese otra tonalidad cuando tu le tocas....."
Naamu con el ego rechoncho extendió sus labios como los arcoriris en sus dibujos y dijo:
- Mientras abria el horno fué que entendí que ella no es yo.
Su amiga le miró con esos ojos que uno solo utiliza con los locos y dejó salir un desesperado:
-Obvio Naamu, la mujer de Andrés no es tu.
-Obvio.....dijo Naamu......Obvio....
Naamu entonces sintió como poco a poco amaba de nuevo esa forma suya de chupar un dulce hasta hacerlo agua en su boca. Como amaba aquella costumbre de calzarse primero el zapato derecho antes que el izquierdo tal como su abuela le había inculcado cuando niña (por aquello de empezar el día con el pie derecho). Sintió como era la única mujer en el mundo que podía reír cuando los vasos enjabonados bailaban en la tarja. Se vió jugando al agente secreto bajo la mesa con su pequeño amor de 6 años. Entonces, solo entonces, ya no le dolieron a Naamu sus caprichos y sus delirios.
Buscó la radio, encendió a Nina Simone y se preparó un martini....Bailó un rato sola en la cocina, con sus rarezas y sus excentricidades, con su originalidad y su origen.....
4 comentarios:
Y eso es lo que uno busca siempre, ser el primero, el unico, lo malo de cuando hay tanta historia detras es que es dificl verlo, aunque todo sea diferente e irrepetible siempre (porque lo es)...
Uno vuelve a nacer siempre con el otro, siempre y cuando uno se lo permita...
¡Qué hermoso texto! Y muy cierto. Ella no es yo, yo no soy ella... No perder nuestra esencia, en ocasiones, se torna difícil ya que, por el temor de perder al otro, nos salimos de nosotras mismas... perdemos el punto de partida, "el origen y la originalidad".
Un fortín de cuadernos... ojalá fuera así de sencillo.
Cada una es individual y, como diría Blu, única e irrepetible, también somos, para quien debemos ser, inigualables.
Cada nuevo hombre es una nueva vida. Cada nuevo amanecer es una nueva aventura.
¡Qué lindo texto! Me gustó muchísimo... porque eso de "todas son iguales" es una absurda mentira. Encontrar nuestra originalidad en los más pequeños detalles, es una de las más sublimes bendiciones de la vida.
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