Hace dos meses que lo vi por primera vez, hoy es día que no puedo olvidar esos ojos color Caribe y esa voz con sonido extranjero. Siempre me habían atraído los hombres con marcas de vida intensa en la piel, pero él era el colmo de tan excéntrico gusto.
Cada cicatriz tenía una historia detrás, casi tan inverosímil como los libros de héroes y monstruos que leen los niños y por sí fuera poco tenía la profesión más simpática de la comarca y el mejor sentido del humor de los trece kilómetros a la redonda en los suelo andar. Si lo hubiera mandado hacer a la medida, seguramente el artesano no habría seguido las instrucciones al pie de la letra y tal vez no lograrían hacerme reír esos ojos color Caribe tanto, con solo devolverme la mirada.
Fue el regalo venido junto con esta época de lluvias. Pero así como la lluvia hace, él llegó a meterle un poco de caos y nostalgia a esta vida que pretendía no tener sobresaltos. Esta semana lo noté, llegó el miércoles siempre tan ansiado desde que sé de su existencia y supe que necesitaba reír a causa de él, verlo, escucharlo y olerlo a lo lejos.
Porque es algo que solo se puede tener así, a lo lejos y como en vitrina. No se puede pasar la frontera que nos separa, porque aún no sé, si nos encontramos muy tarde o muy temprano para causarnos este nerviosismo que nos mata cada que nos saludamos.
Cada cicatriz tenía una historia detrás, casi tan inverosímil como los libros de héroes y monstruos que leen los niños y por sí fuera poco tenía la profesión más simpática de la comarca y el mejor sentido del humor de los trece kilómetros a la redonda en los suelo andar. Si lo hubiera mandado hacer a la medida, seguramente el artesano no habría seguido las instrucciones al pie de la letra y tal vez no lograrían hacerme reír esos ojos color Caribe tanto, con solo devolverme la mirada.
Fue el regalo venido junto con esta época de lluvias. Pero así como la lluvia hace, él llegó a meterle un poco de caos y nostalgia a esta vida que pretendía no tener sobresaltos. Esta semana lo noté, llegó el miércoles siempre tan ansiado desde que sé de su existencia y supe que necesitaba reír a causa de él, verlo, escucharlo y olerlo a lo lejos.
Porque es algo que solo se puede tener así, a lo lejos y como en vitrina. No se puede pasar la frontera que nos separa, porque aún no sé, si nos encontramos muy tarde o muy temprano para causarnos este nerviosismo que nos mata cada que nos saludamos.
3 comentarios:
Una vida sin sobresaltos y unos ojos color Caribe son una mala ecuación... tarde, temprano, qué más da, si cuando se miran, se sienten.
eso de las vitrinas no existe, porque por maldicion tenemos el querer siempre tocar el fuego, eso de la vitrina no dura mucho, y ese momento cuando tocas el fuego de cerca es unico, luego nos cuentas que tal fue...
Huelo un olor a mar en tus gustos....Creo que los ojos color de mar te apasionan.....Creo que eres en si el mar.....
Me gustan las mujeres ola....siempre saben que a veces estarán dormidas, otras lavarán el arena con su alegría.....
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