sábado, 14 de junio de 2008

Para empezar

Soy una floja, una dejada y, por estos días, una mantenida.
Lo único que quisiera cambiar de esta definición coyuntural de mi persona es lo último, pero también es de lo único que por ahora no voy a hablar.
Soy una floja porque a mi eso de ponerse linda para el amor y trabajar en la seducción no se me da. Y eso que he leído cientos de páginas que recomiendan ese compromiso mutuo para que la flama del amor conyugal no termine en llamita.
También he gastado horas de terapia en descubrir de dónde me viene esta fodonguez para dar el primer paso.
Pero ni las lecciones de los libros ni las disquisiciones en el diván me han aportado nada. Lo dicho: soy una floja para echar a andar un rato de pasión.
Ayer por ejemplo, él ya había acabado de acariñarme de los pies a las nalgas y yo aún leía una entrevista en El País.
No, a mi no me pidan que decore el ambiente, que piense en sorpresas o acerque el condón.
Yo soy. Y estoy. Y ya. ¿Not enough?
Digo, si lo analizo tampoco me caigo bien a mi misma, pero creo que la cosa se compensa con mi dejadez. No reparo y le concedo casi todo. Montaditos, de pie, afuera, adentro, sin ruidos, a gritos.
Lo que sí, es que arrancada la escena el paso 2 y el 3 y el 4 y el 5 y el infinito y más allá corren por mi cuenta y dirección. Pon esta almohada. Trabaja con tal dedo. Acaríciame allá. Bésame aquí.
Por eso, al final, lo de ser floja y dejada me viene bien porque es nomás para empezar.

Lía

3 comentarios:

Mond dijo...

Depende del momento... del espacio... del contexto... el ser la que empieza me permite inventar cosas... si es él quien lo hace... simplemente dejo que las cosas fluyan de manera distinta.

Tramontana dijo...

Lo importante es que te funcione, ¿no? ¿Para qué ponerse etiquetas?

Karen dijo...

A mí me gustó mucho el texto, ligerito, me hizo sonreír. Y bueno, si así te funciona... ¿qué más quieres?