jueves, 3 de julio de 2008

Otro adios

Tiré tu cepillo de dientes. Ese de mango verde que te quejaste tenía las cerdas muy chiquitas. Lo roté entre mis manos y pensé: ¿por qué no pudiste ver la parte importante? Sin respuesta, lo dejé caer en el cesto de paja, pensando en la imposibilidad de hacerte ver que con él te daba una presencia en mi casa.

Me meto a la cama con la certeza de que no llamarás, que tal vez nunca más sepa de ti. ¿Cuál es mi lado de la cama? ¿Sigue siendo el mismo? ¿Quién se metió más en la vida de quién? Yo sigo durmiendo en esta cama, la única que compartimos. Sé que ya no te oiré decir esa palabra de cuatro letras que nadie me había dicho y me divertía oír en tus labios. Tanto que aprendí a decirla para ti.

¿Cuándo te extrañaré más? ¿En la cama? ¿Viendo una película? ¿En el sillón sentados platicando sobre cualquier cosa o jugando basta o caricaturas? ¿La próxima vez que vea un partido de americano?

No sé. Sé que la vida no será igual, ya tiene tu aroma integrado. Seguro habrá una tarde de lluvia en que saque el tablero del Scrabble y lo tenga que jugar sola, sé que habrá más de una mañana en que despertaré buscándote con mi mano o mi boca. Tal vez alguna noche de invierno tenga ganas de caminar por las calles tomada de tu mano y miraré a Orion con mi perra confundida a mi lado.

Guardo imágenes de lo que fuimos por esos breves días, y también algunas de lo que pudimos ser y no fuimos y no somos y no seremos.

4 comentarios:

Mond dijo...

Por ese adiós hoy eres diferente, eres un poco de él, tomaste lo que te hace ser mujer...

Karen dijo...

Este relato es sumamente tú, la Cirrus sólo lo confirmó. Gracias por compartir.

La Blu dijo...

como duelen esos adióses con certezas de "nunca más".

Creo que son los más dolorosos.

Pillo dijo...

El amor que ya no està es lo màs duro, y aun cuando el tiempo pasa, su recuerdo sigue vivo, aun cuando hay alguien màs en esa cama...