Entonces llegó otro hombre, otras manos, otra piel.
Y con el llegaron muchos años de compartir, aprender, discutir, llorar, abrazar, besar, hacer el amor.
Mi vida dio un giro de 180º con él a mi lado: mis preferencias, mi tiempo, mis amigos, mi vida entera se modificó por él y en ese momento accedí a hacer esos cambios alegremente, enamorada.
¿Y que paso? Un día me encontré con que la que yo era ya no existía.
Perdí mi identidad por convertirme en alguien mas que encajara en su mundo y al pasar de los años para el no fue suficiente (o al menos así lo sentí).
Jamás fue suficiente mi amor, jamás logre que prefiriera estar conmigo, jamás logre que me amara como yo deseaba.
Fue pasando el tiempo, nos hicimos viejos conocidos, pero ya no amantes… me di cuenta de que simplemente ya no estaba(mos) enamorado(s), si, había mucho en común, mucho vivido en pareja, muchos planes que se quedaron en el aire, palabras, pero solo eso.
Ese adiós es el más doloroso de mi historia, fue como si me arrancaran un pedazo de vida y como dice la canción: Y no me dejaste otra opción que arrancarme la piel y aguantar el dolor.
Aun hoy me duele, queda el hueco y en días como hoy todavía lo extraño un poco…
En realidad no se ni que extraño de el, no se si me acostumbré a su presencia o es el haberlo amado tanto.
No se si es el saberlo haciendo planes, esos que jamás hicimos nosotros, en otra piel.
2 comentarios:
Me reconozco un poco en tu historia. A mí también me pasó que al acomodarme a ser para él me perdí yo, y claro que ya no era de la que él se había enamorado. Es chistoso pero esta mañana escribí al respecto.
Esa sensación de no ser suficiente es terrible. Pero uno debe saber que eso está en el otro, no en uno. Uno es lo que es.
Y también en ese extrañamiento me reconozco. Para mí no es el querer que esté él ahora, es como el querer estar ahí donde estuve por un momento de nuevo. Los años dejan marca, no tiene remedio, por suerte.
¡Ay! se me puso la piel chinita.
Que difícil es entender que un alguien que ya no está con nosotros, hace una vida en la que ya no tenemos espacio.
A veces queda el reconforte de que ese alguien tampoco existe en la nuestra, pero siempre duelen los huecos. Siempre y más los días con lluvia que hacen crujir nuestros huesos.
Un beso.
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