miércoles, 23 de julio de 2008
Por primera vez
Entro y escucho el agua correr. El vapor ha cubierto ya el espejo y se empieza a sentir en mi piel. La luz ámbar de las velas brinda una sensación de placer y tranquilidad. El agua se siente un tanto caliente pero mi cuerpo se acostumbra rápidamente. Sirves el vino frío en vasos y es entonces cuando te siento entrar mientras yo mantengo los ojos cerrados. Me abrazas con piernas y brazos y juegas con mi piel. Poco a poco, el vino empieza a hacer lo suyo al tiempo en que la música -un tanto hipnotizante- crea el ambiente propicio. Sales del agua por unos momentos y aprovecho para recostarme. Cuando regresas te sientas frente a mi. Yo comienzo a jugar con tu espalda, tu cuello y tu oreja. Mis piernas te rodean y mis pies sienten tu excitación. El vino de mi vaso cae por tu espalda y mi lengua la recorre en sentido contrario. Descubro una constelación y la hago mía. Tú, absorto en la flama de las velas, no haces más que sentirme y sentir lo evidente. Las velas comienzan a extinguirse, pero la noche aún no.
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2 comentarios:
me encanta la imagen de descubrir una constelación (en su espalda, supongo) y expropiarla.
:)
Me gusta como describes las sensaciones.
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